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Entrevista de Gael Garcia Bernal por “Blood Wedding (2005)”

Enviado por La metiche | Archivado en Entrevistas, Noticias, Otra, Teatro

    Foto de Gael Garcia Bernal en "Blood Wedding (2005)"

Idolo mexicano de la pantalla grande, tiene el mundo del cine a sus pies. Entonces, ¿por qué viajó a Londres para interpretar una obra de García Lorca ante un reducido público? Kate Kellaway
Veo a Gael García Bernal antes de que me lo presenten, por lo que me permito observarlo por un momento: la estrella mexicana de películas tales como Y tu mamá también, La mala educación y Diarios de motocicleta viste una gorra tejida que sólo se pondría alguien a quien no le preocupe su apariencia. Parece un forro de tetera con graciosas orejeras, todo con los colores de un arco iris peruano. Es bajo y delgado (usualmente se dice que mide 1,65 metros, cosa que recientemente corrigió a 1,70). Dado que no hay una cinta de medir, lo principal es que, con su tocado, luce como un duendecillo increíblemente guapo. Gael estrenó a mediados del pasado mayo Bodas de sangre, de Federico García Lorca, en el Almeida Theatre de Londres, dirigida por Rufus Norris, quien lo convenció de hacerlo.
Paso la mañana antes de conocerlo con un DVD de Diarios de motocicleta. Veo al joven Ché Guevara, interpretado por Gael, viajar de Buenos Aires a Venezuela (12.500 kilómetros) y caer repetidamente de una moto Norton al suelo. Observo cómo espera en las esquinas de las salas hasta que las chicas lo invitan a bailar y él —ineptamente— obedece. En la película se muestra seguro e independiente. Es cálido y distante al mismo tiempo. Su cabello es corto y liso. Son los años cincuenta. Su mirada es firme. Sus ojos son indeterminadamente verdes. Timidez, reserva y pasividad son parte de la atracción.

En la oficina del Almeida, sin embargo, Gael, de 26 años de edad, no tiene nada de tímido. Irrumpe en la habitación y se muestra abierto, dulce y juvenil.

Me desarma al besarme en la mejilla. Se sienta, se quita la gorra y la coloca ordenadamente en la mesa frente a él.

Tiene el cabello largo, oscuro y rebelde. Viste una franela estilo hippie y zapatos negros deteriorados. Me observa con esa mirada suya, dedicando una atención exagerada a mis preguntas. Es la misma clase de atención que aplica en su trabajo.
Pura pasión. A Gael le encanta García Lorca. Cree que el dramaturgo tiene el poder de hacer que el público inglés se descongele, tome conciencia de las emociones que los británicos, dice, han perdido, pasiones que ahora pueden recuperar. “La gente de este país no estará consciente de sus pasiones hasta que descubra a García Lorca”, afirma. Y respecto de sí: “García Lorca puede ser relacionado con todo en mi vida”.
Gael interpretaba a Lorenzo, quien es más una emoción que un personaje. Lorenzo es impulsado por una obsesión sexual que resultará ser fatal cuando escapa con su ex novia, el día que ella se casa con otro hombre.
El actor se identifica con estas palabras: “La pasión es inflamable, puede desencadenar acciones impetuosas que conducen al desastre en la mayoría de los casos”. Agrega una posdata enigmática: “Desafortunadamente, nací en un tiempo, lugar y contexto en el cual ni siquiera me permito poner el agua a hervir. Dejo que las cosas pasen”. Trato, infructuosamente, de que se explique un poco. Mi interpretación: su vida amorosa está fuera de control (el agua es una metáfora).
Es más claro en el tema del teatro; expresa su gratitud por el hecho de haber estado sobre las tablas porque el “teatro es tiempo presente”. Pero siente temor: “Me pregunto: ¿voy a tener esa complejidad? ¿Esa intensidad?”. Está aprendiendo a tener confianza con el inglés, a dejar que el idioma trabaje para él. Piensa que actuar le ayuda con cualquier cosa que esté sintiendo en su propia vida. “Si me siento angustiado o estoy en una crisis, puedo surfear ese dolor (es un entusiasta del surf y del fútbol). Como actor, uno ejercita las emociones, juega con ellas así como un guitarrista puede usar sus dedos. Es un entrenamiento”.
Gael parece tan dispuesto a descubrir su corazón que le pregunto qué se siente ser descrito como un ídolo romántico y ser objeto de chismes, según los cuales, rompió con Natalie Portman o es un posible compañero para Keira Knightley. Sonríe. Le pido que por favor me responda con honestidad. “Muy honestamente, me resulta muy difícil verme desde una perspectiva exterior. Es muy difícil —y no la comparto. Me despierto todos los días, me veo en el espejo y soy la misma persona que se miraba en el espejo todas las mañanas cuando me aterraba ir a la escuela. Pero supongo que debe haber un mapa del tiempo que pasa, en algún lugar”.
De Jesús al Ché. El “mapa del tiempo” de Gael comenzó en Guadalajara, donde nació. Su padre, José Ángel García, y su madre, Patricia Bernal, eran actores, y él creció en un hogar intelectual e izquierdista. A los tres años interpretó a Jesús (comenzó con un papel protagónico) en medio de un lago.
En su adolescencia se mudó a Ciudad de México y protagonizó telenovelas locales.

En 1997 estudió actuación en la Central School of Speech and Drama de Londres (ha descrito la capital inglesa como “formal” y “solitaria”) antes de obtener un papel en Amores Perros, de Alejandro González Iñarritu, que lo lanzó a la fama.
La última vez que había estado en Londres trabajaba en un local llamado Cuba Libre, donde preparaba cocteles. Fue modelo de una boutique. Trabajó en obras de construcción… ¿Ha mejorado Londres?
“Londres induce a la introspección. La gente se va a casa todas las noches para pensar, dormir y limpiar”. En Ciudad de México, él podría ser “20 personas distintas que llevan 20 vidas sociales”. En Londres, cuando telefonea a un amigo y le pregunta: “¿Te gustaría hacer algo?”, ya conoce la respuesta: “No, estoy descansando…”.
Dice que le gusta la introspección de Londres. Tiene tan buenos modales. Pero su ambición es seguir trabajando en México y Latinoamérica y viajar. Le encanta: “la loca sensación de que tu casa se está volviendo más grande”. Además, viajar preserva su libertad: “Me gusta seguir sintiéndome increíblemente inocente”.
No se trata de que sea inocente, en realidad. No hay duda alguna sobre su conciencia política. Antes de convertirse en actor, enseñaba a leer y escribir a los indígenas Huicholes. Más tarde participó en la sublevación pacífica del estado de Chiapas, apoyando a los rebeldes zapatistas del comandante Marcos. Y no dudó en hablar claramente en contra de la guerra en Irak, durante la entrega de los premios Oscar. Sólo ha hecho una película en Hollywood, The King, con Daryl Hannah. Es fácil ver por qué prefiere trabajar en América Latina o en un pequeño teatro de Londres.
Nos quedan cinco minutos. Le pregunto sobre la gorra. “Significa mucho para mí. Fue un regalo de una mujer, en Perú, cuando estaba trabajando en Diarios de motocicleta. Ha estado conmigo desde hace cierto tiempo. Nos estábamos quedando en casa de gente pobre que nos daba todo lo que tenía”. La última pregunta: ¿El papel con el que sueña? “Harry Potter. Me encantaría volar”. ¿Diarios de escoba? Sonríe y se despide. l




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